María Esther Beltrán Martinez    Fotos: J. Carlos Santana

Málaga, España.-  Entre las exposiciones más relevantes que se presentan en Málaga se exhibe la exposición  Modernidad latente en el Museo Carmen Thyssen Málaga, reivindica la figuración como vía de vanguardia y renovación del arte español del siglo XX. La exposición reúne más de sesenta piezas de Juan Gris, María Blanchard, Vázquez Díaz, Bores, Picasso, Óscar Domínguez, Benjamín Palencia, Godofredo Ortega, Carmen Laffón, Menchu Gal, Manuel Ángeles Ortiz o Antonio López, entre otros.

La baronesa Carmen Thyssen explica en el magnífico catálogo exprofeso de la exposición. “De entre las numerosas épocas y geografías que recorren mi colección, la vanguardia española del siglo XX, en varias de sus más interesantes e importantes manifestaciones, ocupa un lugar especial en mis preferencias. Junto a los principales nombres del informalismo de los años cincuenta (la primera gran renovación de alcance internacional tras la guerra civil), la figuración moderna, heredera de las experiencias del arte nuevo de los veinte y treintas y resilientes entre los cuarenta y los sesenta en un panorama histórico y social poco propicio a las novedades artísticas, tienen un papel destacado en el relato de nuestra historia del arte que he querido conformar con mis obras”.

Esta exposición que ahora presentamos en el Museo Carmen Thyssen Málaga, -continúa- gracias a  la generosa colaboración de la Colección Telefónica, ahonda en las propuestas de signos figurativos que vanguardistas y renovadores plantearon en un período convulso y crucial. Pintores como Pablo Picasso, María Blanchard, Óscar Domínguez, Francisco Bores, Benjamín Palencia, Juan Manuel Díaz Caneja, Godofredo Ortega Muñoz, Antonio López o Carmen Laffón, entre otros muchos, mantuvieron vivo, entre España y París, el espíritu de la modernidad latente, en un período artístico muy singular que invito a descubrir en el museo.

La exposición cuenta con más de sesenta pinturas, esta exposición relata un episodio del arte español especialmente determinado por el período histórico en que se enmarca. Las promesas de vanguardia anteriores a la guerra civil (1936-1939), alentadas sobre todo por el arte nuevo de los años veinte y treinta, se vieron drásticamente interrumpidas con la instauración del régimen de Franco (1939-1975), entrando la modernidad en un largo período de letargo. Y, pese a todo, una figuración resiliente mantuvo el hilo de la renovación que permitiría, a partir de los años cincuenta, pasadas la posguerra y la autarquía, dar comienzo a otros movimientos innovadores como el informalismo abstracto.

La directora artística y la gerente del Museo Carmen Thyssen, Lourdes Moreno, explica:  “Juntas, todas estas pinturas componen un valioso corpus de piezas destacadas del arte figurativo español desde los años veinte a los setenta del siglo XX. Los autores protagonizaron diversos episodios figurativos antes y después de la Guerra Civil, desde España y desde París, que se muestran en la exposición en dos secciones. En Promesas de vanguardia (1920-1940) se ofrece un compendio del panorama figurativo español anterior al estallido de la guerra. Tendencias como el cubismo, la figuración lírica o los nuevos realismos, recogidas en este apartado, marcan una continuidad con otros proyectos expositivos. Reúne a una serie de artistas españoles que comenzaron a explorar espacios para la ruptura de la tradición decimonónica, algunos desde París y otros desde la propia España, en la estela del cubismo y otras formas renovadoras de figuración.

En la sección El arte pese a todo (1940-1970) se reafirma el papel que la figuración desempeña como espacio de resistencia de una modernidad que se mantiene en estado latente en un panorama -sobre todo en plena posguerra y posterior autarquía- muy poco propicio para las novedades artísticas y desconectado de las inquietudes que se desarrollaban en el resto de Europa.

La exposición lleva este hilo hasta los años 70, cuando ya la figuración convive con otras vanguardias, como el informalismo desde los años 50, y se había convertido en una vía a contracorriente de otras modernidades recién eclosionadas. En ese contexto, despuntaron artistas que ejercerán cierta libertad creativa en géneros tradicionales, como el paisaje o la naturaleza muerta, temas despojados, a priori, de contenido político.